Lucía Alegría transforma la experiencia migratoria en refugio sonoro en ¨Inmortal¨

Hay canciones que no pretenden explicar una historia cerrada, sino abrir un espacio íntimo en el que quedarse un rato. ¨Inmortal¨, el nuevo tema de Lucía Alegría junto a la cantautora venezolana Ananá, nace desde esa necesidad: transformar la experiencia migratoria en refugio sonoro, sin subrayados excesivos ni artificios emocionales. La canción pone voz al duelo de dejar atrás un lugar, pero también a la decisión de no renunciar a la forma de nombrarlo.
Venezolanas y migrantes, hoy asentadas en Madrid, Lucía y Ananá comparten una mirada honesta sobre el desarraigo. En ¨Inmortal¨ no hay intención de disimular el origen ni de suavizar la pérdida. El país de partida aparece como una presencia constante, evocada a través de sensaciones: paisajes que regresan en forma de imágenes, sabores que sobreviven al paso del tiempo y recuerdos de una infancia que sigue latiendo, incluso a la distancia.
La canción avanza por los distintos estados que atraviesa el duelo migratorio —la ruptura inicial, la nostalgia persistente, el desgaste emocional y la resistencia cotidiana— con una naturalidad casi confesional. Versos como “Y el sueño se va, se queda atrás / no quiere olvidar, no quiere soltar” funcionan como un eco interno que se repite, sin prometer resoluciones definitivas. Porque migrar es, en sí mismo, un proceso abierto.
En lo musical, ¨Inmortal¨ se sitúa en un terreno delicado donde conviven el folk, el pop alternativo y una sensibilidad latinoamericana asumida con naturalidad. La producción, firmada por Josh Tampico —referente en la escena iberoamericana— apuesta por una atmósfera orgánica y cercana, en la que las voces ocupan el primer plano y sostienen el peso emocional de la canción.
Con este lanzamiento, Lucía Alegría continúa consolidando un proyecto artístico marcado por la exploración de la identidad, la memoria y el desplazamiento. Desde Madrid, sus canciones siguen trazando puentes entre territorios, demostrando que es posible avanzar sin perder la raíz ni el acento propio.








