Conociendo a... Máximo

A Máximo no parece interesarle demasiado la idea de escoger un único camino, su música parte del piano, pero desde ahí se abre hacia el jazz, la composición clásica, la electrónica, la experimentación y una sensibilidad cercana incluso al lenguaje cinematográfico.
Su música no necesita levantar la voz para hacerse escuchar, hay una búsqueda constante de belleza, pero también de significado; una forma de entender el piano como instrumento de composición, de improvisación y de narración. Máximo representa una nueva generación de músicos portugueses para los que las fronteras entre jazz, clásica, electrónica y música contemporánea han dejado de tener demasiado sentido. Su piano puede ser íntimo o expansivo, melancólico o luminoso, pero siempre parece perseguir la misma idea: encontrar una forma de decir aquello que las palabras no terminan de explicar.
- Empezaste a escribir música cuando todavía eras un niño y parte de esas composiciones acabaron formando Máximo – Greatest Hits. Si pudieras sentarte hoy al piano con aquel Máximo de nueve años, ¿qué crees que te preguntaría sobre la música que haces ahora?
Creo que alguien de, como máximo, 9 años quedaría impresionado y feliz. Ahora bien, yo mismo me pregunto cómo logré tocar el piano y, también, cómo conseguí comprar, por ejemplo, el álbum PANGEA.
- En tu trabajo conviven el jazz, la música clásica, la electrónica y la experimentación, pero también el cine, la danza o la poesía. ¿Compones pensando en cómo debería sonar una pieza o en las imágenes, historias y sensaciones que te provocan?
La mayoría de las veces, compongo imaginando la música —melodía, armonía y ritmo—, pero son siempre las sensaciones las que guían todo el proceso. Por otro lado, cuando compuse el álbum PANGEA, tenía una referencia extramusical; es decir, un concepto no relacionado con la música (el cambio climático y las estaciones) que me servía de guía y me ayudaba a tomar las decisiones creativas.
- Con PANGEA convertiste la preocupación por la crisis climática en el punto de partida de un proyecto musical. ¿Puede la música cambiar nuestra forma de mirar el mundo o su papel consiste más bien en hacernos sentir aquello que a veces preferimos no afrontar?
Ambas son ciertas. La música, al hacernos sentir cosas que no se pueden expresar con palabras, nos une; une a los oyentes. La unión y la comprensión del otro cambian nuestra manera de ver el mundo.
- Tu música puede partir de un piano acústico y terminar en territorios electrónicos, con samples y texturas poco convencionales. ¿Hay algún sonido que hayas descubierto por casualidad y que haya terminado cambiando por completo una composición?
¡Sí! La canción «Suspiro», que forma parte de PANGEA, surgió por casualidad. Inicialmente, mi intención era incluir la voz de la cantante Selma Uamusse en el tema «Spring». Por azar, comencé a manipular el archivo de audio que ella había grabado y, pocas horas después, surgió un bloque sonoro que, tras algunos días de trabajo, dio lugar al tema «Suspiro». Esta pieza no estaba prevista en el álbum, pero me gustó tanto el resultado accidental que tuve que incluirla.
- Eres un músico portugués que se ha formado y desarrollado parte de su carrera fuera de su país, y tu obra ha llegado incluso hasta Japón. ¿Qué te gustaría que descubriera alguien en España al escuchar tu música por primera vez, especialmente si llega sin saber nada de ti?
No es importante que la gente sepa cosas sobre mí para que le guste mi música. Solo es importante que la música misma se gane un lugar afectivo en la memoria de las personas.







