Conociendo a... Solber

Hay primeros discos que funcionan como una carta de presentación y otros que, además, sirven para definir una identidad artística. En el caso de Solber, su debut discográfico llega tras un proceso de búsqueda creativa en el que ha ido dando forma a un sonido propio, combinando influencias contemporáneas con una manera muy personal de entender la composición y las letras.
El artista madrileño afronta este lanzamiento como un punto de partida, pero también como la culminación de una etapa de aprendizaje en la que cada canción ha contribuido a construir el universo que ahora presenta al público. Un trabajo que refleja inquietudes, vivencias y una clara apuesta por la honestidad artística. Con motivo de la publicación de este primer álbum, hablamos con Solber sobre el camino recorrido hasta llegar a este momento, el proceso de creación del disco, las historias que esconden sus canciones y los retos que plantea comenzar una nueva etapa con un proyecto que aspira a consolidar su nombre dentro de la escena musical.
● Has definido Primera Parada como el comienzo de un viaje. Más allá de las canciones, ¿qué necesidad personal había detrás de crear Solber? ¿Qué querías expresar que hasta ahora no habías encontrado la forma de contar?
Creo que Solber nace de una necesidad muy sencilla: dejar de guardarme cosas. Durante mucho tiempo escribí canciones sin pensar que algún día fueran a salir de mi habitación. Eran una forma de ordenar lo que sentía y de entender lo que me pasaba. Con el tiempo me di cuenta de que esas historias podían significar algo también para otras personas. No sentía que me faltara una forma de expresarme, sino el valor de hacerlo públicamente. Solber es como un paso adelante en ese sentido. Es aceptar que las canciones hablan de mí, pero que, una vez las compartes, ya pertenecen un poco a quien las escucha.
● En un momento en el que muchas canciones parecen buscar el impacto inmediato, tus temas hablan de detenerse, recordar y reflexionar. ¿Crees que Solber nace también como una forma de reivindicar otro ritmo de hacer y escuchar música?
No creo que haya una forma correcta de hacer música. Hay canciones que te atrapan en quince segundos y otras que necesitan varias escuchas para quedarse contigo. A mí siempre me han marcado más las segundas, y de alguna manera imagino que eso queda reflejado en mis canciones. No escribo pensando en el algoritmo ni en cuánto tarda en llegar el estribillo, (aunque te reconozco que sí me aconsejan en ocasiones que lo haga, jaja). Escribo pensando en contar algo que merezca la pena. Si alguien, dentro de unos años, vuelve a una canción porque le recuerda un momento de su vida, para mí eso vale mucho más que cualquier tendencia.
● Las once canciones funcionan como pequeñas historias que hablan de amor, cambios o nuevos comienzos. ¿Hasta qué punto esas historias son autobiográficas y
en qué momento dejan de hablar de ti para convertirse en las de cualquiera que las escuche?
Todas tienen algo mío, aunque no todas cuentan exactamente cosas que me hayan pasado. A veces parto de una experiencia personal, otras de una simple conversación interesante, de alguien cercano al que una vez le pasó algo o incluso de una situación imaginada. Lo importante no es si ocurrió exactamente así, sino que la emoción sea verdadera. De hecho, creo que una canción termina de escribirse cuando alguien la escucha y la hace suya. En ese momento deja de ser mi historia y pasa a formar parte de la de otra persona.
● En tu música conviven el pop-rock, el folk y el country de una manera muy natural. Más que una cuestión de estilo, ¿dirías que esos géneros representan una forma concreta de entender la música y de conectar con quien está al otro lado?
Sí. Más que etiquetas, son formas de contar historias. Siempre me han atraído los artistas que consiguen que una canción parezca una conversación, que no necesitan esconder la emoción detrás de grandes artificios. El country y el folk tienen eso en común: ponen la canción por delante. La melodía importa, claro, pero también la historia. Y esa mezcla es, seguramente, la forma más honesta que he encontrado de hacer música.
● Si dentro de unos años alguien vuelve a escuchar Primera Parada, ¿qué te gustaría que descubriera sobre el origen de Solber? ¿Qué huella esperas que deje este primer capítulo en todo lo que está por venir?
Me gustaría que sintiera que aquí empezó todo de verdad. Que escuchara un disco sincero, hecho sin intentar parecer otra cosa. Seguramente dentro de unos años escribiré mejor, cantaré mejor o produciré mejor, pero espero no perder nunca esa ilusión que tiene este primer trabajo. Si “Primera Parada” deja una huella, ojalá sea la de haber demostrado que todavía hay sitio para canciones que cuentan historias y que acompañan a la gente en distintos momentos de su vida.







